lunes, 19 de septiembre de 2016

40 (Thankful)





Pasan los años
Uno tras otro
En silencio

Hay días que suman un día más y otro y otro
Eso sí unos ojos verdes te acompañan siempre
Otros ojos azules y otros muy redondos
Y nunca un día es igual a otro.

Hay días radiantes
Días solares
Días de energía en tumulto
Días en que estrechas el círculo
De la familia
O dejas que se catapulte
El oro
De las amistades

Hay días de plomo
Donde parece que no sopla el aire
Una mirada entonces basta
-una mirada de amigo, de madre, de amado-
Para que se reactiven
Los circuitos de la sangre.

Muchas vidas e innombrables caben
En cuarenta años
Vidas que se engarzan
Se enredan, trenzan bucles,
Pero que hoy se hallan todas presentes
En ruta hacia adelante
Sin miedo a equivocarse
O a decir ya está, aquí me planto.
Sin miedo tampoco a sentir miedo.

Pues sé que en lo más hondo
Más allá de todo
siempre puedo
Contar con vosotros.

domingo, 4 de septiembre de 2016

SEPTIEMBRE



Acaba el verano y septiembre ya se precipita a nuestros brazos, con un sinfín de tareas pendientes que se mantuvieron perezosamente en el umbral durante el julio y el agosto, con la promesa de nuevos descubrimientos y horizontes, también con el recordatorio que los años pasan inexorablemente.

Septiembre empieza no con la nitidez de antaño con la cabeza despejada después de aquella famosa gran "desconexión" veraniega de la juventud, sino con una suerte de caos mental donde se amalgaman los cuidados infantiles a mis niñas de 1 y 3 años, las mil y una secuencias de este verano donde hemos descubierto vivencias, amores, palabras, historias, lugares; todo ello aderezado con las propias búsquedas personales mentales y literarias sincopadas entre algunos rincones de descanso, y bajo la tonalidad de tantas amistades y familiares que danzan con nosotros tantos ratos. Dicho torbellino veraniego, gozoso e imborrable, me llena de gran felicidad si no fuera por la inquietud propia de una mente como la mía que (aunque muchos no lo dirían) necesita organizar todo, cada cosa en su lugar, hasta los recuerdos, las experiencias, los propósitos.

Y por eso cada septiembre, el mes donde todo empieza, los cursos, los planes, y también una nueva edad en mi caso, surge la necesidad de digerir todas las vivencias, los objetos y las lecturas, ponerlo todo en su lugar para que no naufrague en el océano de lo inenarrable o del olvido.

Y me decía este primero de septiembre que ojalá dispusiera todavía de medio verano para asimilar el verano vivido en vivencias y lecturas y personas e ideas y para prepararme el septiembre como un auténtico continente nuevo e inmaculado por explorar.

Hasta que me he dado cuenta de algo. De que tal vez septiembre es precisamente eso. El mes de transición donde todavía dura el verano, todavía puede una permitirse unas tardes gozosas en la arena mirando el horizonte, unas cenas con aquellos amigos que juraste no pasaría el verano sin verlos, donde todavía hay tiempo de organizar las fotos, de apuntar las lecturas, de revisar y cepillar los trastos, físicos y mentales, de ajustar los prismáticos para la visión inédita del nuevo curso que empieza. Habrá tiempo de llevar a las niñas al cole e ir arañando unos ratos para adueñarse aunque sea un poco del espacio doméstico; pero también habrá tiempo para eludir con ellas lo institucional, lo que nos viene de fuera, y dejarnos llevar sin relojes por la luz de final de verano, por los encuentros que a todas horas propiciamos con el mundo, más allá de nuestra casa,  más acá del mar.

Tal vez por eso amo tanto el mes de septiembre. Porque es un mes donde todo cabe; un mes informe y voluble, dispuesto a que se le dé forma y volumen; un momento en que vamos emergiendo ya de las garras del calor y podemos ponernos en movimiento, a paso ágil, lejos aún de nostalgias otoñales; un mes donde miramos hacia atrás y a la vez hacia adelante y nos disponemos a seguir a caballo del tiempo, con la certeza de que no cualquiere tiempo pasado fue mejor.

domingo, 3 de julio de 2016

Tú no eres como otras madres





¿Qué hace de la novela “Tú no eres una madre como las otras” de Angelika Schrobsdorff una lectura compulsiva y arrebatadora?
En primer lugar, el título llama la atención, y nos indica el nudo gordiano de la novela: el retrato de una mujer que desarrolló un criterio propio rechazando lo que se esperaba de ella, y desde la mirada de su propia hija. Judía de nacimiento, y pequeñoburguesa en el Berlín de los años veinte, Else se enamora de un artista cristiano, y decide huir con él, escapando al matrimonio convencional al que le reservaban sus padres. Poco a poco, Else no quedará atrás respecto a los hombres que la rodean ni en disponibilidad al amor ni en afición a las artes. El proceso irá in crescendo y se nos describe un marco de unos felices veinte colmados de amores, de fiestas, de teatro, lecturas… una vida tumultuosa y apasionada por los cuatro poros, que no excluye la multiplicidad de maridos ni de hijos. Berlín aparece en todo su esplendor como centro irradiador de vitalidad, al igual que Else, que cautiva al lector, que desea apegarse a su presencia, bajo esos dos soles oscuros, como son descritos sus ojos.
Pero tras este velo de felicidad mundana se esconde la amenaza del gran Holocausto que está a punto de cernirse. Y lo vivimos con ironía trágica, puesto que los protagonistas continúan ajenos a todo, sin querer asumir lo inevitable; pero los lectores sabemos, y también la hija que relata. Así, si antes nos hemos recreado en la frivolidad y la energía, ahora leemos con sobrecogimiento. El ambiente se va enrareciendo desde el alzamiento de Hitler, y la instauración de nuevas banderas e himnos corren paralelos al miedo que empieza a recorrer los pasillos y al incremento de leyes antisemitas que cada vez alcanzan más de cerca a Else y su familia. Luego hallaremos un relato estremecedor del exilio al tiempo que seguimos con el corazón en un puño la historia de la segunda guerra mundial. La miseria, las calamidades, el sufrimiento, van de la mano de un profundo proceso de autoconocimiento por parte de Else, que se hace consciente de sus errores de juventud y de la fuerza  del amor por sus hijos.
Y el tercer componente sumamente atractivo que atraviesa la novela es la voz narrativa testigo-protagonista de la hija, del todo convincente, auténtica, y que combina el lirismo con la objetividad. Desde su nacimiento, a caballo entre varios trenes y varios amores, observamos en ella primero los temores y las inseguridades que la asolan, luego cómo se solidifica en ella un amor insobornable por la madre, y más tarde un descubrimiento del mundo agridulce, entre la incredulidad frente a la desgracia, la rabia y la nostalgia de la niñez, y todo ello trenzado con el pavor a dejarse llevar por los estados sombríos de la madre madura. La autora además es testigo doble, porque ha convivido con la madre y también ha recogido numerosa documentación en forma de cartas y diarios con que va tejiendo toda su complejidad. Y con esa información adereza el relato de una cuasi omnisciencia terrible, puesto que nos va sembrando los instantes de felicidad con la oscuridad de lo que sucede después, incluso con brutales prolepsis homodiegéticas donde las palabras futuras de la madre reverberan sobre los momentos de dicha. Ello es entreverado de otros elementos donde objetivamente se nos recuerdan los hechos con una frialdad escalofriante, como las fechas de promulgación de leyes antisemitas o de avances del ejército nazi.
“Tú no eres como otras madres”, en definitiva, se lee con pasión novelesca por los personajes, en su más honda humanidad, y también con el afán de saber que produce la historia reciente europea, en sus rasgos generales y también en sutiles particularidades. Cuando la lectura acaba, no podemos evitar preguntarnos más, desear saber más. Y sentimos que hemos avanzado kilómetros en el conocimiento de la historia y del alma humana, a partir de la intrahistoria concreta, como sucede en toda la buena literatura.

Esta reseña se publicó en el Heraldo el pasado 19 de mayo de 2016

lunes, 23 de mayo de 2016

Literatura de viajes y de interrogaciones

"Gegants de gel": Errando entre fronteras y palabras
 
Edicions del Periscopi
A menudo se ha dicho que la gran literatura no es la que proporciona respuestas sino abre nuevas preguntas y nos pierde por senderos claroscuros. (“Errar és el camí”, ha sugerido Tina Vallès recientemente parafraseando a Tavares). Eso es lo que hace la novela Gegants de gel, del valenciano Joan Benesiu, Premio Llibreter de 2015, que ha gozado al unísono del favor del público y de la crítica.
Gegants de gel nos lleva a una zona limítrofe de fronteras, pero también del lenguaje y la experiencia humana. El narrador ha decidido pasar las Navidades fuera de su familia en la tierra inhóspita y a la vez encantadora de Ushuaia. Escapar de la Navidad resulta un acto fundacional que supone huir de lugares comunes y condicionantes. Y no será el único; allí, en la mesa del bar Katowice, un refugio cálido para la conversación, se hallarán el hombre de negocios Housseras, fugado de su destino familiar; el inglés Ethan Borum, portador de un drama íntimo; Nemesio Coro o Martín Medina, respectivamente mexicano y chileno fugitivos… Y sobrevuelan por encima de ellos las presencias envolventes de Dominika y su hija Cristina, que regentan el bar, fruto de la historia más desgarradora de la Polonia de entreguerras.
Gegants de gel tiene un doble mérito. Por un lado, las historias de los seres desarraigados en Ushuaia tienen una completitud en sí mismas, y cada una de ellas nos atrapa por completo, de suerte que se trata de un compendio casi cervantino de personajes y registros variados; el cambio de personaje o de novela implica un cambio de estilo también, que adopta todas las tonalidades y fluctúa entre lo ensayístico, lo más propiamente narrativo y lo lacónico al penetrar algunos puntos de vista.
Así, no puede sernos ajeno el drama del adolescente introvertido que es seducido en las redes sociales y arrastrado a límites más allá de lo razonable, mientras sus padres navegan en la inopia. Como tampoco el del mexicano enredado de manera fatal en un drama que no es el suyo, el de su hermano involucrado en narcotráfico, a cuya mujer ama apasionadamente… Las tragedias personales se enmarcan todas ellas en tragedias históricas, de manera que aprendemos los estragos de la guerra de las Malvinas para ingleses y argentinos; o nos embarcamos en una Polonia despedazada, zarandeada entre nazis y soviéticos y condenada a desapariciones y exilios sinfín.
Por otro lado, la novela nos dispone en una arquitectura compleja con diversas melodías que se van repitiendo, los destinos humanos entreverados con la magnitud del hielo y la grandiosidad del paisaje; lo singular realzado en el magma de lo colectivo; lo concreto hilvanado con los pespuntes de lo abstracto. En la novela se trenzan citas que enriquecen los motivos: Chatwin, Sebald y el viaje; Bolaño, Vila-Matas y Kieslowski y cierta estética que divaga más allá del argumento estable; Bloy y Musil y las contradicciones en la familia burguesa.
 Y allí en Ushuaia, en un lugar-límite que es también un lugar literario, la complejidad humana es sincopada a través de la búsqueda, la desaparición y la fuga. El bar Katowice es hielo y calor a la vez y todas esas almas errantes detenidas confluyen en un desarraigo que es una manera de ser humanos, más allá de lo tangencial.
 “Vivir es pasar de un espacio a otro haciendo lo posible para no golpearse”, que decía Perec, como si pudiera leer los destinos de los personajes de Benesiu, para los que “aquella perifèria era en veritat el centre de l’experiència humana”.
Edicions del Periscopi
Por añadidura, la presencia de un narrador engañoso cuyo origen desconocemos viene a aportar el ingrediente más desconcertante y atractivo a este guiso literario. Durante una buena parte de la novela, el narrador nos conducirá a través una tercera persona focalizada en diversos personajes, de modo que resulta una voz enigmática y casi transparente. Poco a poco se va gestando un espacio central en la novela donde el narrador se va haciendo más corpóreo y, a través de sus ojos, el presente se adueña de Ushuaia y se nutre de reflexión y paseo, y donde se producen inclusive encuentros imprevistos entre los personajes. También la narración se puebla de recuerdos significativos de la propia infancia del narrador, como el desencanto cuando supo que los Reyes son los padres y que sus propios padres le habían mentido.
Finalmente llegará la hora de relatar su propia historia (y será precisamente el último de la mesa) y anuncia al lector que va a tener que dar paso a la invención. Entonces nos sorprenderá y atrapará al unísono lo pintoresco de sus andanzas por Buenos Aires y sus amores trastornados…. hasta que confirmaremos que el narrador es un impostor y conoceremos sus auténticas motivaciones, que son mucho menos novelescas que las del resto de personajes, pero por eso mismo mucho más literarias, donde se concitan la necesidad de huir de los lazos familiares ancestrales, de las “clavegueres de la meva identitat” y el impulso poético al viaje a través de la contemplación de los glaciares en la pintura romántica:
“Aquelles pintures mostraven els blocs de gel com a lents animals sotmesos a una mínima i imperceptible deriva”.
Más allá de los viajes y los destinos, el juego de simulación con el narrador nos acerca al gran tema oculto de Gegants de gel: el de los límites difusos entre la verdad y la mentira. El mismo acopio de fotografías de rostros y paisajes que aderezan el relato nos transmiten la idea de que se trata de una narración con una base real, tal vez uno de esos Relatos reales de los que hablaba Javier Cercas, o bien una simulación donde se construye la ficción a partir de elementos reales al más puro estilo Javier Marías. Y, mientras comenzamos a dudar sobre la noción de verdad, se solidifica la idea de desaparición también. Los desaparecidos de América Latina o de Polonia fluctúan como fantasmas al tiempo que planea la sospecha de la mentira, del asesinato. Todo ello nos hará preguntarnos, ¿es inocente la ficción como mentira? ¿O no se construye con elementos similares al asesinato y la represión?
Gegants de gel es una novela, en suma, ambiciosa. Una apología del viaje, y de la curiosidad por cualquier destino humano y por conocer la historia moderna a través de la intrahistoria de la que hablaba Unamuno, o la historia del ser individual y anónimo. Un impulso que nos empuja como aire helado a conocer las verdades escondidas, o a penetrar las falsedades solidificadas como bloques de hielo.
En su estructura errante y divagatoria en algún momento la narración pierde el mapa, pero siempre vuelve a conducirnos a su punto de fuga hacia el final, hacia esa visión de hielo que tal vez nos dará alguna respuesta del destino humano, o más bien va a perpetrar más aún lo incógnito.
“Jo encara no havia vist cap bloc de gel flotant”, confiesa al final, después de habernos transmitido que fue ese el propósito inicial del viaje. Pero, ¿no sabemos desde Kavafis que lo importante no es el destino final? Errar a través de las páginas, de las palabras, de los lugares, ¿no es lo que muchos lectores deseamos?

Esta reseña apareció en la Revista de Letras   el 18 de mayo de 2016.

viernes, 29 de abril de 2016

UNA: Entre el reportaje y la poesía




“Una entre muchas”, novela gráfica de la artista Una, aborda un tema tan delicado como necesario: el de la violencia de género. Pero lo hace huyendo de simplismos e ideas preestablecidas y con una exquisitez suprema.
La niña Una, sensible y retraída, es sujeta a varios casos de abuso sexual; pero no es capaz de expresarlo ni en su casa ni en la escuela. Ese trauma va a afectarle sobremanera en su futuro, pues ya no será capaz de marcar con claridad los límites entre ella y el otro, y acabará accediendo a un sinfín de acercamientos sexuales no deseados. Todo ello va haciendo mella en su psique. Aislada, asediada por temores difusos, incapaz de poner palabras a cuanto le sucede, tildada de “guarra” por sus compañeros de instituto, la muchacha va creciendo a trancas y barrancas.
En paralelo, los medios de la época (años setenta) se hacen eco de los actos de violencia perpetrados por el violador de Yorkshire a mujeres, y de las interpretaciones de la policía y la opinión pública sobre ello. Tratando de combatir el miedo de la población se busca una lógica a las víctimas elegidas, hasta que se interpreta que todas esas mujeres agredidas tienen algo en común: ser “de moral dudosa”, cuando no directamente “prostitutas”; la implicación que se derivaba de todo ello era: si eres ‘buena’ no hay nada que temer; pero si eres ‘mala’, o te gusta salir sola o usar falda corta o cualquiera de los rasgos que se asocien a “moral dudosa”, eres carne de cañón, la víctima ideal, que además se ha buscado lo que le sucede de algún modo. A pesar del auge el feminismo, dichas consignas afectarían al autoconcepto de numerosas adolescentes, como Una, que, además de sufrir en silencio la agresión y la marginación, debería cargar con el peso de la culpa, como si algo en ella fuera erróneo y merecedor de cualquier maltrato.
La autora, Una, que no esconde el contenido autobiográfico de la novela, ahonda de manera magistral en las contradicciones que la sociedad alberga en su visión sobre las mujeres, contradicciones más patentes en la época de los hechos pero nada extinguidas todavía en nuestros días. Desde la experiencia, desde la madurez de la Una presente que ya ha superado el bloqueo fruto del trauma, Una lleva al lector por senderos tan claroscuros como el propio recuerdo, entre árboles desnortados y niñas que se arrastran como ángeles caídos, metamorfoseándose de mariposas a insectos.
Los recursos utilizados, que van desde el dibujo sutil de gran poder evocador hasta noticias y estadísticas de periódicos de la época, consiguen golpear la sensibilidad del lector y concienciarnos de la hipocresía que reina todavía ahora en la manera de enfocar la violencia de género. Lo más interesante es el dibujo simbólico y elusivo, donde nunca se dan detalles escabrosos de lo sucedido, sino que se penetra en la psicología de la  protagonista y se puede empatizar con sus sentimientos, sin que el lector tenga la necesidad de saber con exactitud los detalles. No importa lo que sucedió, parece decirnos Una. Escapémonos de la tendencia morbosa a deleitarse en las escenas de violencia a mujeres. Centrémonos en que esto le sucede a muchas, y el fardo que se arrastra durante décadas es monstruoso. La oscuridad engulle la vida y una va sintiendo que no es nada, que su cuerpo le pertenece y no, y siempre está al acceso de cualquiera, por más que una tenga la manía de poner una guitarra en la puerta del dormitorio por si entra alguien o dejar unas tijeras a mano bajo la almohada durante años.

Esta reseña apareció ayer Jueves/28/04/2016 en el suplemento Artes y Letras del Heraldo de Aragón

miércoles, 20 de abril de 2016

Libros para despacharse a gusto.

Este Sant Jordi lo quiero dedicar a unos cuantos libros que me han alegrado la vida o están a punto de alegrármela. Más allá de los autores y editoriales más presentes en los escaparates, hay mucho, pero que mucho donde elegir...

Cinco recomendaciones y cuatro postdatas:

"Una entre muchas"- Una (Astiberri). Novela gráfica de Una.
Un documento y una obra de arte. La cara y la cruz de la violencia de género y los abusos sexuales, a partir de un relato tan poético y elusivo como explícito y periodístico. Una nos conduce por los vericuetos de una infancia y la adolescencia torturadas, y también se nos informa a través de documentos periodísticos de las contradicciones más flagrantes de nuestras modernas sociedades a la hora de representar a la mujer.



"Tú no eres como otras madres", de Angelika Schrobsdorff (Errata Naturae / Periférica)

Una novela que no puede soltarse de las manos cuando ha empezado a leerse. La historia de una mujer vista desde el punto de vista de su hija (la propia Angelika). Se trata de una novela doble, o triple. Por un lado, se teje la relación madre / hija en toda su complejidad y su mezcla de admiración y rabia mutuas. Por otro, nos hallamos ante el retrato de una mujer fascinante, crecida en el Berlín de entreguerras, que decide dejar atrás todas las convenciones propias de su familia judía y ser una mujer volcada a las artes y al amor. Por último, se nos ofrece también un relato apasionante del ascenso del nazismo en Berlín, el progresivo antisemitismo, y el brutal éxodo trufado de amenazas en que vive la familia protagonista, como tantos miles de europeos de la época. Empezamos la lectura con dulzura (simbolizada en un cuaderno dedicado a un bebé) y acabamos con el sabor amargo donde se concentra la derrota física y moral: la caída de todos los ideales.



"Manifiesto incierto" de Frédéric Pajak (Errata Naturae)
Una obra singular, que recoge lo mejor de la novela gráfica con el ensayo, y que aúna la experiencia y pensamiento propios con los de Walter Benjamin. Una búsqueda total de significado, en la obra y en la vida.





"No habrá música en tu ataúd" de Antonia Massip. (Carena)
Debut literario de Antonia Massip, donde traza un personaje grotesco, Ramona, una cuarentona soltera y virgen, que vive todavía anclada a su madre y a sus sueños eróticos insatisfechos, y solo se consuela con fantasías asesinas. Una novela disparatada, de humor trágico: desopilante.





"El parèntesi esquerre", de Muriel Villanueva (Males Herbes)

Una novela breve y envolvente, prometedora de un nuevo lenguaje. Muriel Villanueva se erige aquí con su habitual maestría en el arte del relato pero confabulando una nueva identidad como mujer y como escritora. Muriel Villanueva, barcelonesa y profesora de la Escuela de Escritura del Ateneu, un valor a conocer.



Y ahora los postdatas:

Elena Ferrante... Autora napolitana de una trilogía al parecer irresistible y a la que hace tiempo deseo hincarle el diente...




Marina Garcés...  La vi en el programa "Amb filosofia" y me cautivó. Una autora que acerca la filosofía al mundo de hoy. Seguro que no decepciona este libro.




Marcel Duchamp.  ¿A qué amante del arte no le gustaría rodearse de sus escritos completos, que publicó Galaxia Guttenberg ya hace unos años? Creo que aún se encuentra. Mmm... Delicatessen.

Y mi último postdata es para Sergio Pitol al que estoy leyendo ahora. Descatalogado, así que no creo que se pueda encontrar si no es en librería de viejo. Pero os invito a leerlo.
"El arte de la fuga". Una chuchería que nos lleva de paseo a través de múltiples viajes, caminos de su memoria, lecturas, viajes, trenzados siempre de abundantes reflexiones sobre la escritura.
El amigo de bolsillo para los amantes de viajar, leer y escribir. La tríada gozosa.

¡Felices lecturas!

domingo, 7 de febrero de 2016

"Sipiescas", entre París y Barcelona



Este martes tuve la ocasión de ver "El dia de la Sípia" en la Filmoteca de Barcelona (y luego un bis en el canal 33), breve película de Emili Manzano en torno al día en que Vila-Matas y Miquel Barceló se encontraron en  en París para conocerse y realizar el retrato de Vila-Matas.

Y, en consonancia con la pasión de Barceló con la sepia como materia de trabajo, y también con la expresión de Vila-Matas "el día de la sepia", estado provocado al ver la foto de una sepia "en el momento mismo de utilizar su capacidad de adaptación al fondo del mar para mimetizarse con el ambiente local" donde se "sintió de golpe transportado a un lugar cálido y peligroso a la vez", los espectadores pudimos transcender también a un estado sipil de asimilación al medio. Nos mimetizamos con el ambiente de París tras los pasos de Vila-Matas a lo largo y lo ancho de la ciudad en su disfraz invernal; nos adaptamos al color local en ese trayecto en taxi donde fluyen sus reflexiones sobre cómo construyó un personaje para sí mismo en su juventud "para ser leído" y luego ya no lo necesitó (sabemos que esa aparición en el taxi también es una suerte de máscara); entre acto y acto nos dejamos bañar por numerosos rincones en tránsito que dibujan la belleza de París; una vez en el estudio, nos inundaron la familiaridad y extrañeza que se producen a la vez en torno a la galería de retratos "despintados" (sometidos a la destrucción de la lejía), también una suerte de máscaras, para transportamos al arte de Barceló que es experimento y presencia pura, entre "sabios primitivos" y "cromatóforos"; mientras se crea el retrato, nos sumergimos en esa conversación entre dos creadores, que es un duelo de palabras del que emergen la nostalgia de las noches perdidas de la juventud, de lo que ya se fue o los que se fueron, algunos momentos míticos huyendo del servicio militar fingiendo locura, o generaciones perdidas que no fueron tan legendarias como desvaídas. Y, en fin,  acompañamos ambos en una la búsqueda incesante de identidad que se construye a sí misma en una fuga constante.

A destacar una música envolvente (de Publio Delgado), una guitarra eléctrica, que sonaba a lamento y también a presencia y resistencia a lo largo del paso del tiempo. Sentimos ese "esplendor intangible" que hay en el fondo de cada uno. Gozamos de París, "que no tiene catedrales ni casas de Gaudí".

Vila-Matas confiesa "admirar a Barceló" "porque ríe". Entre ambos han hallado el título adecuado a la exposición de Barceló. "Sipiesca". "Sipiesca", dice Vila-Matas es "diferente, simple, compleja"."no es discursiva, no es sucesiva", "no es arte sobre alguna cosa, es arte". Y concluye con el inquietante silogismo vilamatiense: "Sipiesca es sipiesca"
La cinta acaba con la imagen de Vila-Matas mirando teatralmente al infinito y después a la pantalla. Y en esta circunferencia trazada entre horizonte y espectador se erige un semicírculo, evocador, como toda su literatura. Una figura que nunca se cierra del todo y en la que podemos entrar y extraviarnos.
Salimos sipiescos en un estado de ánimo especial, donde todo detalle cuenta, donde la palabra y la imagen hipnotizan.... un estado potenciado por Manzano y Vila-Matas que ejercen de preludio y epílogo en persona en el espacio de la Filmoteca de Barcelona,  siempre con media sonrisa y la ironía en la mirada, como quien está a la vez cerca y lejos.  Un regalo para los sentidos. Un baño de arte. Un estado de intensa soledad comunicable, donde la política queda totalmente fuera de lugar.