miércoles, 13 de diciembre de 2017

Cómics estelares para pluralidad de lecturas

  

El pasado 16 de noviembre publiqué esta doble reseña de cómics de Astiberri en el Heraldo:


Astiberri ha publicado recientemente dos cómics fascinantes, "Wáluk. La gran travesía", de Ana Miralles y Emilio Ruiz, y "Archivos estelares", de Flavita Banana. ¿Qué pueden tener en común dos lecturas tan diferentes entre sí? La pluralidad de niveles de lectura, que permiten la convivencia de lectores de casi todas las edades.
Así, la historia del oso Wáluk y su viaje con Esquimo a través del paraíso helado, a la zaga de un lugar donde comer, y más allá de la mezquindad humana, es de una sencillez exquisita, y nos trae ecos de aquel film, "El viaje del pingüino emperador" que podía conmover tanto a niños como a adultos. Los personajes de Wáluk (segundo tomo este de una serie en vías de continuación) están muy bien definidos y en seguida nos cautivan: la juventud e ímpetu del pequeño Wáluk se complementa a la perfección con la sabiduría de su compañero Esquimo y la fiereza e instinto de protección de Valkia, la madre, o la ternura de sus cachorros. La historia en seguida atraerá la fascinación de los más pequeños, en el modo como se relacionan entre sí los osos, pero también les enseñará valiosas lecciones: la maternidad como cuidado que se puede extender a la tribu, la civilización como amenaza a la inocencia, la identificación con las emociones puras de los animales y la prevención ante la parte más inhumana y materialista de los adultos. Al adulto le atraerán las ilustraciones sobrias y expresivas en que se delinea la historia, y se dejará seducir por  el manto blanco que todo envuelve y por el amor a la naturaleza. El deseo de la libertad, la atracción por el viaje y el descubrimiento serán los horizontes que guiarán la lectura de todos los lectores así como el optimismo entrañable que rezuma sobre el futuro y la posible existencia de unos adultos mucho más respetuosos.
Por otro lado, Flavita Banana despliega en esta antología de sus viñetas un muestrario apasionante de visiones humorísticas y feroces tanto del amor romántico y sus últimas derivas como de la sociedad actual abocada al abismo digital, lejos del hábito lector. Como en el libro anterior, admite diversas lecturas, y algunas están al alcance de los más pequeños mientras que otras escarban en las aristas más oscuras del sexo o la muerte, de un modo desgarradoramente cínico. En una sola viñeta de trazos negros minimalistas y breve texto, un humor inteligente  se desprende como fogonazo. Cabe destacar aquellas que promueven la lectura como algo subversivo (por ejemplo, dos se susurran en una discoteca  "¿Quieres venir a leer en la cama conmigo?”), o aquellas que denuncian la esclavitud de los móviles, como la viñeta  donde una mujer suspira frente a un amanecer paradisíaco: “Y yo sin batería”. O aquellas donde se subraya la monotonía insulsa de ciertos matrimonios: "Yo no leí Madame Bovary para esto" le lanza una mujer a su marido mientras se hallan viendo la televisión. Especialmente necesaria resulta la denuncia del amor romántico y la dificultad de la superación de ciertas experiencias. (“Me duele el exnovio”, confiesa una mujer al médico, o “Vete a la mierda, pero llama para decirme que has llegado bien.” dice otra.) Flavita nos hace reír pero va mucho más allá: indica el camino de la vida auténtica a la vez que lleva al absurdo ciertas formas de construcción de la identidad contemporánea y de la comunicación; en definitiva, nos plantea la futilidad insoslayable de la sociedad en la que vivimos donde la adicción a la tecnología y las redes parece suplir al vacío de la pareja y la comunicación auténtica.
Libros para disfrutar sin límites y hasta para compartir en familia.   

        



ARCHIVOS ESTELARES. Flavita Banana. Astiberri. 2017
WÁLUK. LA GRAN TRAVESÍA. Ana Miralles – Emilio Ruiz. Astiberri 2017. 64 

jueves, 9 de noviembre de 2017

Teoría y alucinación de Murcia



A Murcia se va por ir.
Al peligro se va por ir
Seguir la huella incendiada en la noche

hay que andar hasta que los pasos no dan más

hay que invocar el peligro en lo oscuro
concitar toda la fiereza subversiva del arte vivo
andar tan rápido que lo que exista se disuelva en un cóctel único

no sé qué esperaba encontrarme más allá de la noche y el vacío
casi me doy de bruces con leones y apariciones
la virgen de los peligros
el peligro de las banderas de España

casi me transformo en estudiante de erasmus
la eternidad en cada trago de vino
pero mi tiempo no es eterno, es el tiempo al acecho,
siempre a un segundo del final o la emboscada.




A la noche se va por ir
y a veces crees que es un laberinto
y quieres interrogar a los signos entre sombras
ver qué tenía que decir
como ir a los bosques pensando
que algo pudiera estar aguardando
tesoro en el centro del abismo

A la noche de Murcia se va porque hay que ir
te acaba devolviendo el espejo cóncavo del día
la verdad única e irreductible más allá de todo
que el arte está más allá de sí mismo
está en tus hijas que desbrozan de arte las aceras
o que VM es también, más allá de sí mismo,
la flecha que señala el deseo mismo del arte


y todo lo demás, pamplinas.



viernes, 29 de septiembre de 2017

En el vértigo del 1O



Llegados a este punto necesito decir lo que pienso guste o no, y que mi silencio no pueda leerse como cómplice de posturas ajenas a la mía.
A ver si puedo resumirlo. Mi España no es la de la cerrazón de Rajoy ni la de jaleamiento a los Guardias Civiles; pero mi Catalunya tampoco es la del relato en que Puigdemont y los mossos son erigidos en héroes. Parece que alguien ha estado interesado en que se creen bandos, en polarizar posturas, que se retroalimentan una a la otra, e invisibilizar la escala de grises. No creo que las opciones políticas respondan solo a ideas racionales. También apelan al corazón, a una identificación que apenas podemos describir, que apenas sabemos a qué responde y que no podemos intercambiar fácilmente, ni convencer de ello a nadie ni dejarnos convencer de ello. Al menos en cuanto a mí se refiere, mi identidad es múltiple. Y responde a parámetros culturales, paisajísiticos, emotivos. Mi España es la del Quijote, la del Lazarillo. La de Javier Marías. La de Javier Krahe. La de Martirio. La de Aute. La de Almudena Grandes. La de Carmen Martín Gaite. La del Museo del Prado, la del río Ebro y el Duero. La de mi familia aragonesa y madrileña. Todo eso forma parte de mí. Como forman parte también Dalí y Cadaqués, Gabriel Ferrater, Palau i Fabre, Serrat, Maria del Mar Bonet, Albert Pla, Mercè Rodoreda o el Tricicle. El Segre. El Montseny. La Costa Brava. El CCCB, el Macba. El Museo de Figueras. Y todo el abanico de mi familia catalana. No puedo estar alegre pues ante la posibilidad de desprenderme de una parte de mi identidad. Lo que quisiera es agregar identidades, no desgajarme de ellas. Ser un poco francesa, algo irlandesa, por ejemplo. Pero dejar de ser, que queréis que os diga, no me ilusiona.
Puedo entender que a algunos sí que os ilusione distinguiros de España. Si os sentís decepcionados por el trato del gobierno central, o bien no podéis identificaros con sus tierras o su cultura y os resulta una losa para emprender otro camino. Que hayáis focalizado en esa idea las ilusiones de construir algo nuevo, más allá de la crisis y la corrupción, diferente en todos los sentidos. Además estos días la política española (si se le puede llamar así ) ha sido tan sumamente represiva hasta lo macarrónico que precisamente no incita a seguir a su lado. A priori parece tan fácil, ¿verdad? Si el pueblo pide referéndum, ¿por qué no pactar un referéndum y acordar las condiciones para que esté bien hecho y que mande la mayoría y se decida lo más conveniente? Personalmente me convencería más que no solo fuera una cuestión catalana, sino que todo sirviera para remover el inmovilismo español y romper la baraja de la España de la Transición: que pudieran orquestarse diversas repúblicas confederadas entre sí. Pero el centralismo ha ofrecido tan pocas salidas que solo ha hecho que avivar el fuego de la separación. Y si eso es así, habría que haber ofrecido la posibilidad de un referéndum de verdad, no de pa sucat amb oli. El referéndum ha sido tan reprimido que ha acabado estallando en este sucedáneo de referéndum. Una especie de conglomerado de ilusiones, un símbolo revolucionario para muchos y también una huida hacia adelante, pase lo que pase.
Pero después de todo, ahora siento que estamos en un callejón sin salida. Y temo que el conflicto se catapulte o bien se enquiste y se haga más grande, si no hay una auténtica voluntad de cohesión y entendimiento por parte de todos, los políticos y los ciudadanos. El referéndum está muy movilizado hacia el sí, es indudable, y resulta tan loable como incómodo para algunos que se dé por supuesta una sola dirección de pensamiento. Bien es cierto que en vez de diálogo por parte del gobierno central solo se ha ofrecido una retrógrada e incapaz mano dura. Cómo no voy a defender el derecho a opinar y no voy a admirar la energía combativa de la gente en la calle. Me enorgullece la valentía, el arrojo, el pacifismo del pueblo catalán del que formo parte. Pero el derecho a opinar también es válido para los que no estamos en la onda mainstream de esta hora complicada. Y por eso me atrevo a escribir estas líneas.
Compañeros, amigos, siento que estamos en una cuerda floja. Pero no tenemos que dejar vencernos por el miedo al otro ni buscar al enemigo entre nosotros. No sé si acudir o no a votar este domingo, por muchas razones. Pero lo que quisiera con más urgencia que la independencia es diálogo político auténtico. Dialogo humano. Respeto. Y poder creer de buena fe que pase lo que pase el futuro será mejor, que estará orquestado mejor, y no que cambiará de dueños pero que seguirá con las mismas desigualdades y atropellos.
Bon futur i bona democràcia a tots!

martes, 15 de agosto de 2017

Días de agosto


Cuando tienes niños pequeños, la vivencia del tiempo libre cambia radicalmente. Y no digamos si además tus vacaciones coinciden totalmente con las suyas: tendrás todo el verano para aclimatar tu piel con su piel; para desear huir y a la vez sentir el privilegio de quedarte todos los días. No lo neguemos: anhelarás que lleguen los días de vacaciones totales para viajar en familia, redescubrir el mundo, ampliar la valentía en el agua, la distancia caminada en las montañas, la atracción por los museos y ciudades nuevas. Y también para darte un descanso de vez en cuando de tu función de madre, claro. Pero hay unos días diferentes. Aquellos en los que la pareja trabaja y te quedas en casa de vacaciones con tus hijas. Unos días donde podrás vivir tu casa con ellas y explorar de nuevo con ellas los espacios y darles un sentido nuevo. Unos días donde los alrededores de casa serán de nuevo unos terrenos para explorar con ellas, como cuando acababan de nacer una y otra. Donde recordarás quiénes son realmente tus amigos, aquellos que desean pasar tiempo contigo, aquellos que te abren la puerta de sus cotidianidades no marcadas también. Unos días donde a ratos tus hijas te sacarán de quicio porque quieren jugar cuando tienes que hacer la comida, porque te hablan cuando quieres escribir estas líneas; estas mismas las escribo mientras una de ellas juega con sus muñecos e inventa historias en voz alta y la otra juega a dar vueltas alrededor de mi silla. Pero unos días también donde reaprendéis a acoplar un universo a otro. Donde mucha gente se ha ido, donde no hay colegios, y en el páramo cotidiano quedan pocas distracciones, pocos condicionantes, y no tienes otro remedio que convivir en un mismo instante y tratar de hacerlo de la mejor manera posible para poder ayudarles a ser felices a menudo, para dejarles en medio de su rabieta a veces, para también hacerles entender que tú tienes algunas necesidades también, como por ejemplo nadar tranquila de vez en cuando o leer o escribir estas líneas.

A veces recuerdo vagamente la tranquilidad del mes de agosto o del domingo cuando era más joven, esa laxitud que invitaba a leer y a pensar pero que se combinaba también con un tedio absoluto, siempre esperando que sucediera un día algo extraordinario.
Ahora no espero que suceda nada. Tan solo mantener la mente serena como un lago donde ellas puedan bañarse y al lado del cual puedan también disfrutar cogiendo piedras o lo que sea. La felicidad se vuelve algo tan sencillo como salir de casa y acertar en la dirección adecuada según el sol o la sombra o la temperatura; conseguir que sus humores y los tuyos confluyan en algo alegre, la mayor parte posible de veces, haciendo concesiones, trenzando acuerdos. Te encuentras reviviendo cosas, correteando como un perrito o mirando la forma de las nubes con toda la atención del mundo. O contemplando el mar y sonriendo por la manera como les gusta salpicar con el agua de las duchas. O mirando cómo pintan o cantan o juegan haciendo ciudades mientras aprovechas para rascar  diez minutos de lectura intensa al vuelo.
Hay veranos y veranos. Hay viajes inolvidables. Hay momentos especiales en familia, o con amigos. Pero los momentos importantes, los realmente importantes, creo que son precisamente estos, en los que nos levantamos las tres chicas, miramos por la ventana, hablamos, e intentamos, sin muchas pretensiones,  hacer de nuestras horas una vivencia agradable, a la manera de cada una de nosotras.

viernes, 7 de julio de 2017

San Fermín sin Fermina (1921-2017)


He tenido la suerte de tener una padrina hasta los 96 años. Y que conozca a mis hijas, no solo una vez, sino que las haya ido viendo mientras crecían. (Aquí en la foto es cuando conoció a la pequeña Emma, hace dos años.) Y que hasta sus 96 años haya mantenido la lucidez; la capacidad de reflexión sobre el mundo cambiante; el interés por nosotros y por todo lo que iba sucediendo y cuantas historias le explicábamos y le explicaban; la intensidad de sus recuerdos y reflexiones.
Nos dejó la pasada noche de San Juan, cansada ya de aguantar tantos dolores y molestias.
Hoy, día de San Fermín, a falta de poder felicitarla, quiero dedicarle esta entrada.

Gràcies per haver estat present durant tots aquests anys, padrina. Per estimar-nos. Per escoltar-nos. Per tenir tanta paciència amb les molèsties que anava portant la vida. Sempre recordaré les coses que ens deies, i com miraves a les nenes: "tens dos tresors" "quins angelets" i a mi mateixa, amb amor d'àvia ("per tu no passa el temps" "tot ho fas molt bé") i amb quin somriure melancònic ens deies adéu cada vegada, sense saber si seria la darrera. El llegat teu quedarà en nosaltres, i m'indicarà sempre com es pot ser dona i sensible i forta alhora. Fins sempre.

Aquí deixo dos petits escrits que vaig llegir per tu l'altre dia. I també el que diu l'Emma avui
I el que deia jo sobre la padrina... fa ja... 10 anys!:

POEMES PER A LA PADRINA (Corbins, 26 /06/ 2017)

Tan vella sóc, deies,
Tan vella, sí, i tan flexible
El teu cos s’anava quedant
Arraconat com una roca
Però la teva ment s’adaptava
Com un riu a tot el que
T’explicaven
Podies entendre qualsevol punt de vista
Qualsevol realitat.
No jutgeu, semblaves dir sempre.
Perdona’ls, que no saben el que fan,
Deies si parlaves d’algú
O que Déu ens perdoni,
Deies si parlaves de tu.
Abans això no era així,
T’havia sentit dir tantes vegades
Abans no hi havia tantes opcions
Ho hagués pogut fer millor
Sempre miraves al passat i al futur
Eres la millor comentarista de tu mateixa
La teva més escrupulosa crítica
Tan estrictament et jutjaves
Com amorosa eres per als altres.
Serà lo que més convingo,
Acabaves dient, davant els misteris.
Aquesta era, sens dubte,
La teva millor frase.

II.

Te vas
Pero estás en los árboles
Su movimiento mínimo casi imperceptible
Su atención serena
Te vas
Pero estás en el mar
En Alicia y Emma
En cómo arquean con suavidad los labios
En cómo habitan el espacio
Y le dan vida
Te vas pero estás en mí
Imborrable
Aparecerás en mis días
En mis noches
Tus ojos redondos seguirán devolviéndome la infancia
La fe en mis gestos
La benevolencia hacia el otro
Tu palabra y tu piel clara
Seguirán alcanzándome un tiempo remoto
Un tiempo memorable
Y siempre presente
Tus orígenes en Corbins
Los estragos de la guerra
Aquellos años de crianza
El padrí y su eterna templanza
Los veranos salados en Salou
Aquellas navidades arropadas
En Lleida
El lento combate diario
Con los males del cuerpo y del
Pensamiento
Pero sobre todo en mí guardaré
Siempre
Aquel tiempo detenido
En dos butacas vueltas una
Sobre otra
Mi mano en la tuya
El calor de la vida
Aquel amor que se sabía
Al filo de lo que termina
De lo que no durará siempre
Y
Por eso mismo
Permanece.

jueves, 25 de mayo de 2017

Maternidades postergadas: Silvia Nanclares



“Quién quiere ser madre” (Alfaguara) es una novela que se lee con fluidez y cuyo ritmo atrapa desde el principio. En ella se relata el deseo de ser madre por parte de una mujer que roza ya la cuarentena, y las dificultades que va encontrando, bien por su situación sentimental, bien por los obstáculos biológicos. A través de un yo confesional, sumado a la ironía, la hipérbole y la acumulación de detalles, se narra con humor la odisea sembrada de minas por la que debe transitar la que desea culminar su deseo pese a todo. La persona que haya conocido una experiencia similar en primera persona o como testigo va a devorar la novela; también quien haya vivido ese miedo a no poder ser madre, un miedo que puede ser paralizante. Tal vez la historia no sea de alcance universal, y el estilo de la novela no va a depararnos una huella imborrable en sí mismo, pues más bien ejerce de vehículo que nos conduce en volandas a través de la trama. Ahora bien, la novela manifiesta el logro de una feliz naturalidad. Y, sobre todo, lo más interesante de “Quién quiere ser madre” es la lectura doblemente política que subyace: por un lado, la expresión de la validez del deseo tanto de ser madre como de no serlo; esto es, el acercamiento a una mujer que toma las riendas de sus decisiones sin limitarse a seguir las inercias; por otro lado, y más interesante todavía, la interpretación crítica de esa coincidencia fatal entre el momento de anhelo de la maternidad con el inicio del declive reproductivo, para muchas mujeres actuales. Nanclares apunta cómo no puede tratarse de un fenómeno casual, sino que de algún modo la sociedad empuja a las mujeres, bajo un supuesto discurso feminista, a postergar todo lo posible la maternidad, mientras gastan sus “mejores años” formando parte activa del engranaje laboral. De modo que la mujer que ha ido postergando la maternidad aun deseándola, priorizando siempre otras metas, hasta que le alcanza la angustia del reloj biológico, puede sentirse estafada, al darse cuenta de que su posible embarazo acaba entrando en el ámbito del mismo mercado que ha secuestrado su biología, y que le ofrece todo tipo de ayudas a la reproducción, terapias alimentarias, etcétera, a cambio de cuantiosas sumas de dinero. Nanclares ha sabido, en fin, desanudar con valentía un tema controvertido y apuntar un punto de fuga por donde puede construirse la mujer contemporánea, más allá del miedo.

Esta reseña se publicó en el Heraldo el pasado jueves 18 de Mayo de 2017

domingo, 7 de mayo de 2017

Un libro de complicidades: "Buenos días, guapa" de Maxie Wander


Este es un libro de mujeres, sí, pero no necesariamente un libro para mujeres, puesto que consigue reflejar la vivencia femenina en toda su complejidad y esplendor. A través de voces de procedencias y edades diversas, accedemos a las historias que cada mujer se cuenta a sí misma, con sus sueños, sus deseos (fallidos o realizados) sus concesiones, sus contradicciones, y presenciamos cómo cada una va construyendo su identidad, en un clima de auténticas confesiones y complicidad femenina. Tal efecto no es casual, puesto que la autora que firma, Maxie Wander, compuso este libro después de entrevistar a numerosas mujeres en un momento histórico determinado, el de los años setenta en la Alemania del Este, con toda la carga añadida allí latente de ideales políticos y empeño de emancipación de la mujer, aunque en la práctica no les resultara tan fácil conciliar lo emocional con la razón. Lo que más sorprende de este libro es que detectamos la individualidad rabiosa de cada una de estas voces, pero a la vez una unidad de estilo que da a la lectura una fluidez excepcional y un calibre perfecto en la extensión de los relatos. Maxie Wander, además de entrevistar y dirigir las conversaciones selecciona, pule, armoniza, hasta convertir cada confesión en un pequeño diamante tallado.
A destacar, las historias de mujeres jóvenes y sin remilgos como Rosi, que afirma cómo se las arregla con su marido una vez aceptados los límites de su relación y también cómo no se considera una mujer según las típicas cualidades “pasividad, dependencia, conformismo, ansiedad, nerviosismo, narcisismo, obediencia. Así que yo debo de ser un hombre al que sólo le falta su rabito”. O Ruth, la joven camarera que idolatra a su padre y tiene amplios deseos de libertad, que desea “saltar al agua o al fuego” y desprecia a los hombres cuando se reblandecen, pero que en el fondo sueña con un futuro más plácido. O las adolescentes Susanne, la menor de cinco hermanos, que explica cómo ha tratado de imponerse en su familia y en el colegio o Gabi, cuyo mundo quedó empañado por el recuerdo de su abuelo. A algunas historias se le dedica mayor extensión, como la de Katja, relato de una médico que explica su largo periplo desde el enamoramiento romántico de juventud hasta su presente de mujer con profesión propia, aunque su amor igualitario presente ya no sea igual de apasionado. Erika, asistente de escena, también sorprende en su historia de empancipación frente a un hombre de miras más estrechas de lo que parecía en un principio. Lena y Margot, docente y científica respectivamente, se plantean la dificultad de dejarse llevar y disfrutar del presente, más allá de la ambición con la que acostumbran a lidiar a diario, y se preguntan en qué va a revertir la fuerza de las nuevas generaciones. Berta y Julia, las más ancianas, explican sus vivencias desde el punto de vista de la pobreza (Berta, que se crió en el campo) y de la riqueza (Julia, que gozó de un mundo poblado de arte y refinamientos). “¿Sabes? –comenta a su entrevistadora- tuve una vida tan rica… y por eso fui yo también polifacética. Ahora lo echo mucho de menos. Aquí no hay más que política, y basta.”

“Buenos días, guapa”, en definitiva, es un libro para disfrutar y con el que dialogar, que nos acompañará durante muchos días.

Buenos días, guapa
Maxie Wander
Trad. Ibon Zoubiaur
Errata Naturae

Esta reseña apareció publicada en el Heraldo el pasado 27 de abril de 2017