miércoles, 3 de marzo de 2021

Recomponiendo un mundo roto



 ¿Quién no ha querido espiar por una rendija y acceder a las interioridades de un alma

romántica? Pero no de un alma sentimental o voluble cualquiera, sino romántica en su

sentido originario: aquellos seres que hace dos siglos se afanaron en dotar a su

existencia de una intensidad única; que acechaban el arte y la belleza como un perpetuo

estremecimiento; que bebían de la fuente del amor para insuflarle un sentido total; que

rehuían cuanto se esperaba de ellos y fueron a la zaga de sus propios ideales: política

radical o fascinación por Italia, encuentros o soledad absoluta. Aquellos, en definitiva,

que a menudo tuvieron vidas breves con desenlace trágico, pero cuya inmortalidad es

indiscutible en sus obras.

Pues estamos de suerte: con esta antología de Gonzalo Torné, bellamente

editada por Alpha Decay, nos acercaremos a la segunda generación de románticos

ingleses, los poetas Byron, Keats y Shelley y la novelista Mary Shelley. A través de una

selección de cartas, acompañada de sucesivos prólogos explicativos, no solo lograremos

hacernos un perfil de las vicisitudes vitales de estos autores, sino que accederemos a la

particularidad expresiva de cada uno, pues los estilos pronto se revelan como propios e

inconfundibles.

Así, nos fascinará la historia de amor serena y a la vez colmada de fantasmas

entre Percy y Mary Shelley. Especialmente conmueven las palabras de Mary,

expresivas, enfáticas y sombrías: “¿Por qué la vida no admite que se la considere un

fluir continuo, ininterrumpido, ajeno a la cuenta de minutos y horas (…) si el placer solo

habita en la memoria, entonces, al morir, ¿adónde irá el placer? ¿Adónde iremos

nosotros?” En ellas hallaremos las dificultades para unir sus vidas, las muertes sucesivas

de sus hijos, los malos presagios que rodean a Percy y que al final se cumplirán cuando

muere ahogado. (Ella será la única de los cuatro que sí tendrá una larga existencia.)

Al leer a Lord Byron, entenderemos de una vez por todas su mito de

“maldito”: sus cartas nos muestran una tumultuosa existencia, cambiando de país como

de ilusiones, poblada de amores apasionados hasta lo indecible. Las últimas cartas

tienen lugar desde Grecia, a donde acudiría en su lucha por ideales políticos, y donde

fallecería poco después. Para él la expresión amorosa es extremada, a menudo

tragicómica (“ámame al menos como a tu perro”) así como la vitalidad: “el Carpe diem

ya no es suficiente, me veo obligado incluso a intentar sacar provecho de los segundos.”

Bástenos decir que estamos de acuerdo con Torné en valorar estas cartas como “la obra

maestra de Lord Byron”.

La figura de Keats también resulta interesante, si bien diversa: el punto de

vista de un enfermo declarado y con cada vez menos esperanzas en el futuro. Sus cartas

tienen un destinatario único, su vecina Fanny Brawne, su amor absoluto (“el aspecto de

una persona no es nada si no encuentro en su corazón las llamas que habitan en el tuyo,

un fuego donde mi amor pueda arder”), aunque puede leerse en ellas también la lucha

entre creación y amor, puesto que a veces desea que nada pueda distraerle de su misión

literaria. (“Mi mente está colmada por la fantasía, rellena como una pelota de cricket.”)

El libro puede leerse de principio a fin, o entreverando al azar personalidades y

cartas hasta que el mundo roto se haga unidad para el lector. Al acabarlo, sentiremos

habernos acercado a estos autores mucho más que a través de una biografía o una

película. Y nuestro deseo más alto será ahora leer sus obras.


(*) Esta reseña apareció en la edición digital del Heraldo de Aragón el 14 de febrero de 2021.