domingo, 3 de enero de 2021

Poemanieve (2)

 


IV


Siempre me gustó el cansancio.

Siempre me gustó

hincar los pies fuertemente en el suelo

atravesar superficies arduas

hasta sentir el esfuerzo de los huesos.


Es por eso que hoy

la nieve

me lleva al lugar donde realmente quiero estar

el lugar de la aridez, la ascensión,

la soledad habitada.


Es por eso que amo

atravesar 

la superficie

cada vez mayor de nieve,

sentir que podría 

acabar sepultada

y a la vez saber que no voy a hacerlo,

llegar más lejos de lo que quise

nunca,

intentar

que en mis pasos

haya siempre un lugar para escapar a lo imprevisto,

aunque solo sea desviarse un poco del camino.


V


Cuando camino en la nieve

dejo de ser hija

por la que alguien tiene que preocuparse

dejo también de ser madre

que debe siempre apresurarse 

dejo de ser esposa

que se pregunta si no se estará ya excediendo

en la libertad de sus pasos.


Cuando camino en la nieve

solo soy mis pies

solo soy piedra, solo soy árbol,

libertad absoluta del instante,

plenitud, más bien,

porque de la libertad ya hemos hablado.

¿Tiene que ver con la cantidad de pasos que uno puede dar

sin explicar, sin esperar, sin contar los minutos?

¿O es más bien

el espacio mental que se abre en uno mismo?

¿No es acaso la ventana abierta

al blanco de la nieve,

sin esperanza alguna 

ni remordimiento?

¿No es esto, pues, la libertad, realmente?




VI.


Soy fuerte como un hombre

como un hombre

que carretea leña desde los tiempos inmemoriales por el camino.

Soy inocente como un niño

que transita esta senda

en subida al colegio.


No hay ser humano ni animal

que pueda amilanarme ahora.

Soy un insecto, soy diminuta, soy invisible.

Soy poderosa. No soy. Soy solo nieve


que en el invierno teme deshacerse

tan pronto como puede convertirse en hielo.


VII


Me pregunto a qué se debe el placer intenso

que se siente

al hundir el pie en la nieve.

Tal vez será porque

la naturaleza nos da el instante

la posibilidad ínfima y tan remota

de sentirnos parte 

de ella

de permitirnos

ser acogidos, engullidos

entre su manto.

Es esta una rara ocasión

de dejar de ser el que mira

para olvidarnos en lo que estamos mirando

al abrigo del monte, de la montaña,

más allá de todo.


VIII


Echo de menos la nieve

porque cuando te alejas de ella

dejas atrás el paréntesis

el rapto

la rapsodia monocroma

la gratificación de estar casi muerto


vuelve la vida idéntica a sí misma

con su remoto ajetreo

con sus ansias

sus nunca finalizados propósitos

sus vanas esperanzas soleadas.


Pero a la nieve siempre se puede volver

como se vuelve al latido más lento

como se vuelve siempre una y otra vez

al punto cero.





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